Diccionario de filosofía

Al final del bachillerato, algunos compañeros del instituto nos enamoramos de nuestra profesora de filosofía. Quizá fue el último amor colectivo. Se llamaba Belén y nos hizo creer que aquella asignatura era apasionante. Por aquel entonces, yo no quería ser nada especial en la vida. Me importaba un bledo el futuro. Pst. Estaba demasiado lejos. Ya vendría, me decía, y cuando viniese, ya veríamos. Me tranquilizaba pensando que tardaría mucho en alcanzarme. Entretanto, me esforzaba en pasármelo bien, columpiándome en el presente. Eso sí que era real.Mudanza Casi podía moldearse con las manos, hasta darle la forma que querías. En cambio, el futuro…

Pero a los pocos meses, justo el futuro se presentó en mi casa un domingo por la tarde, cuando mis padres me convocaron al salón y me pidieron que me sentase. «Tenemos que hablar», dijo mi madre. No tenía ni idea de qué iba aquel teatro, y me senté. No estaba nervioso, y desde luego no estaba tranquilo. Esa tarde había quedado con unos amigos para ir a los juegos recreativo y miré un par de veces el reloj. La segunda lo hice para que ellos se fijasen en que lo miraba, y que comprendiesen que habría que hablar rápido.

De pronto, sin venir a cuento, mi padre carraspeó y me preguntó en qué carrera pensaba matricularme. Estuve a punto de decir «ah, no sé», pero en ese instante me acordé de Belén y de lo loco que estaba por ella. «En filosofía», improvisé con seguridad en mí mismo, casi sin dejarle acabar la pregunta. Ingresar en esa facultad, después de un año interesado en la profesora, constituía un modo de prolongar mi fascinación por ella. Y quién sabía si… Tal vez ahora parezca una idiotez magnífica, pero entonces, como muchas de las decisiones que uno no sabía que eran importantes, creí que hacía lo correcto. Había cierta coherencia sentimental en mi respuesta (artículo completo en El Progreso).

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Categorías:Vida diaria

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5 respuestas

  1. La próxima vez que tenga verdadero interés en encontrar algo, es mejor que pierda todo interés en buscarlo. Es un pensamiento moral que sin duda hubiese puesto a Platón y Aristóteles de acuerdo. Me alegro de volver a leerle, Tallón.

  2. Veo que el calor no te ha hecho perder la lucidez, vaya buen rato he pasado leyéndote.
    Yo me compré hace un tiempo un libro de filosofía de Bertrans Rusell, un buen tocho, del que solo me he leído el capítulo de Sócrates, un montón de veces eso sí.

  3. Pues yo, cansado de darle vueltas todo el verano a una máxima de Anaximandro (“de allí de donde les viene el nacimiento a los seres, allí encuentran también su destrucción, según la necesidad”), decidí dejarla de lado y enfrascarme en la lectura de “Mientras haya bares”. Un cordial saludo.

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