Escritor, destrúyelo todo

Escribir es fácil. Escribir bien es muy difícil. Destruir lo que un día escribiste, aunque sea malo, es dificilísimo. Se necesita una determinación excepcional. En una lucha contra sí mismo, de la que teme salir herido, el autor a menudo esconde esa parte inmadura de su obra, pero sin llegar a eliminarla. Después de todo, representa su punto de inicio, en el que un día lejano arrancó todo. Posee un valor secreto, inexplicable, pese a que carezca de mérito. Esos primeros manuscritos, horribles, con el tiempo lo hicieron escritor. ¿Cómo darles la espalda y hea la vez no experimentar escalofríos y miedo al futuro? En cambio, conservarlos dentro un sobre, metido en una caja, guardada en un trastero alejado, en la casa de sus padres, ¿qué mal puede hacer? Tal vez todo.

La obra que un escritor no publica, con la que aprendió a escribir mejor, que sirvió de escalón a nuevos libros, va quedando atrás, hasta habitar en una oscuridad cómoda. Quizá se avergüence del manuscrito, quizá lo repudie, quizá sólo lo minusvalore. Nunca lo publicaría, desde luego. No mientras conserve la cabeza. Entre eso y acabar con él hasta que no queden pruebas de su existencia, sin embargo, media un ligero abismo. Hablamos de un abismo que se salva con un sencillo paso, para el que se necesita coraje, temeridad, tal vez algo de sensatez. Pero en el último instante, algo tan simple y candoroso como sentir pena, lo impide.

Ciertos días, cuando el escritor regresa a casa de sus padres, y sube al trastero, y por casualidad encuentra la caja y la abre, y saca el sobre, y extrae el manuscrito, siente una extraña emoción. Hace como que no recuerda, y confiado en que el tiempo, el silencio, la oscuridad, hayan obrado un milagro, lee (artículo completo en El Progreso).

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Categorías:Literatura

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9 respuestas

  1. Cuando un escritor escribe con el alma y la vida, difícilmente se arrepienta. porque en cada letra van trocitos de su propia existencia, recolectando con la mente infinidad de hechos superlativos detalles puntuales, que lo hacen único e irrepetible como mi Historiador querido unico para mi Azurro Blue pero el tiene nombre y apellido te quiero love..FRASE “El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma”
    Giggetta Mazzamuto escritora Mendoza Argentina

  2. Más que antiguo o nuevo, yo diría que lo que es malo es malo independientemente de cuando se escriba o de cuánta experiencia tenga el escritor. Y es asombroso comprobar cómo ganan calidad los textos que hace mucho que escribiste y que no lees.

  3. Existe un error aún más grave: el de publicar una mala obra. Yo lo cometí hace veintisiete años, cuando publiqué mi primer libro de poemas. Fue una edición limitada de ejemplares (apenas unos cien, de los que yo me quedé aproximadamente con la mitad), y vivía del todo confiado en que las huellas de mi crimen hubieran desaparecido. Hasta que…¡horror! Un amigo mío lo encontró en la trastienda de una librería de segunda mano y lo compró (encima pagó por ello, el infeliz) “¡Mira lo que he encontrado!”, me dijo exultante de emoción. Ahora, probablemente, se lo enseñará a todo el mundo (con la mejor atención) y será algo terrible. Lo más parecido a que cuelguen una foto de uno en bolas en la red ¿Qué hacer, Dios mío?

    • En ese error también incurrí yo. Y yo fui el que entró un día en una librería de segunda mano y vi seis ejemplares del dichoso libro. Me los lleve, claro. Pero aún no he encontrado la cerilla y la gasolina con la que hacerlos desaparecer. Todo se andará.

  4. Me siento identificado con lo que dices. Leer esos primeros textos es una mezcla de nostalgia y bochorno. De cualquier párrafo, piensas que podía haberse escrito mucho mejor de otra forma. Pero también es verdad que con el tiempo se pierde frescura. Lo primero está siempre más lleno de vida, de sentimientos.

    Quería decirte que gracias a “Libros peligrosos” he conocido algunos autores como Zweig o Levrero, que estoy disfrutando muchísimo.

  5. No se debe destruir nada. Nunca se sabe qué puedes encontrarte en el libro menos pensado. Siga leyendo, puede ser de su interés.
    Esta misma mañana, rebuscando en un archivo diocesano nombres de ascendientes, un nombre me llevó a otro y éste al de más allá. Un anciano que estaba detrás de mí y me oyó pronunciar el nombre del personaje que buscaba (un egregio filósofo, al que intentaba entroncar con mi abuelo) me indicó en dónde debería buscar ese apellido; provenía, dijo, de tal pueblo, a la derecha de Vilardevós, subiendo. Imagine a un jugador de quinielas, que con trece aciertos en la mano, espera, pegado al transistor, el resultado de la casilla catorce; así pasaba yo las hojas de aquel legajo, a punto de deshacerse como la ceniza de un puro. Casi temblando dí con la relación que buscaba. Había coincidencia en el padre y en la madre. Incluso los padrinos de bautizo del filósofo y de mi abuelo eran los mismos!
    Atienda, que ahora viene lo interesante.
    Me levanté para hacer partícipe al anciano de mi descubrimiento e imagine mi sorpresa cuando a la vista del nombre del padrino apostilla sin inmutarse: este nombre sale en el libro de Silvio Santiago. Pásmese!
    Ese libro, Vilardevós se titula, y que seguramente usted conoce, aunque espero que no, para que tenga algún sentido toda esta verborrea, lo agencié yo al descuido en la librería de una amiga de Santiago, quien finalmente optó por la donación. No era El Capital, no era Los hermanos Karamazov; era Vilardevós!
    Mi sorpresa fue doble; que conociese el libro y que recordara el nombre de alguien sin nombre. Me levanté disimulando mi excitación, me despedí del anciano cortésmente, le pregunté su nombre, Ramón, y me dirigí a casa en busca del librito verde temiendo no encontrarlo. Allí estaba. Busqué el nombre en cuestión y efectivamente, se trataba de un castellano de carácter fuerte que no merece más espacio. Sí lo merece en cambio lo que descubrí y que espero sirva para que usted me perdone este manifiesto abusivo; hay un capítulo entero en el libro dedicado a Juan Tallón!
    Se trata seguramente de un antepasado suyo. Por dios, que así sea o no me perdonaría jamás esta temeridad. La verdad es que el capítulo, en sus manos se convertiría seguramente en una gran novela. Su “antepasado” tiene carácter y determinación.
    Si por algún motivo, no se me ocurre cual, no sabe del libro, con sumo placer le hago llegar el capítulo de la manera habitual en estos tiempos.

    Mil perdones.

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