Segundas oportunidades

 

En una de las extrañas segundas oportunidades que a veces te otorga la vida, entré en una librería nueva, de libros viejos, en la calle O’Donnell. Fuera llovía y hacía frío, por este orden, y yo no tenía paraguas, y regresar a casa se me antojaba la decisión más triste de mi vida. No buscaba nada en particular cuando me decidí a entrar y curiosear. Era media tarde y me dejé llevar por el orden alfabético de las estanterías y su inercia, que producía un agradable vaivén, parecido al de hacerse el muerto en el mar. Mirar lomos de libros, y recordar títulos y autores que leíste hace mucho tiempo, incluso que no leíste jamás, es un placer que Libreríaproduce pequeños estallidos de felicidad a cada paso. Tuve la sensación de que ojear aquellos lomos remitía a una de las verdades de la vida, no sé a cuál. Algunas verdades se asoman y se ocultan, y solo las ves tú.

Fui cargándome de ejemplares por vicio, y porque casi los regalaban. Algunos días las manos vacías hacen que uno se sienta culpable. Entonces llegué a la letra L, y lo vi. Fue conmovedor y divertido, completamente inesperado. Allí estaban Lo peor de todo, Héroes y Caídos del cielo, de Ray Loriga. Los años apenas los habían puesto amarillos. No habían recibido palizas de consideración, visibles, ni tenían hojas dobladas, ni anotaciones al margen si descontamos, en algún caso, el nombre de sus antiguos propietarios. Me pregunto siempre qué lleva a una persona a deshacerse de sus libros, aunque solo sea de uno, y venderlo a un tercero, a menudo por un precio ridículo, con el que apenas podrás tomar una cerveza, o comprar un billete de metro, o a su vez adquirir, pongamos, otro objeto usado. ¿Precisa dinero? ¿Acaso necesita el espacio que ocupa? ¿Cree que después de leerlo carece de utilidad? ¿Lo aborrece? (artículo completo en El Progreso).

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Categorías:Literatura, Vida diaria

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1 respuesta

  1. Casualidad. Yo compré en esa misma librería hace una semana “El hombre que inventó Manhattan”, y son los otros los que leí hace años. Al contrario de lo que le sucedía en Simago, a mi en este local me sucede que, como es todo tan barato, me siento promiscuo, me puedo llevar cinco libros por diez euros, se me hace suciete, me roba un poco la historia con el libro.

    Por cierto, el que más me gusta de Loriga es uno que no nombra, “Trífero”. No lo lea, pero escriba sobre él, por favor.

    Un saludo

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