La mujer del crucigrama

En una cafetería que hace esquina en la calle Doctor Fleming, coincidí durante mucho tiempo con una mujer que cubría el crucigrama de La Voz de Galicia con un rigor gélido. Los minutos que cada día dedicaba a desentrañarlo pertenecían más a la novela que al ensayo, y la clientela había admitido que aquel pasatiempo le pertenecía. Nadie se entrometía. Poco a poco nos habíamos persuadido de su carácter sagrado. Era su crucigrama. Pero la acción, que se prolongaba media hora, estaba exenta de tiranía. Había una amabilidad artística en los gestos con los que llenaba las casillas, en horizontal o vertical. Obraba por persuasión, y a cada nueva letra retumbaba. Desprovista del mundo que a todos nos rodea y afecta, la mujer misteriosa escribía ajena a todo, con un bolígrafo rojo que se comportaba como un embajador del calor. La tinta se dedicaba a jurar y mostrabacrucigrama a las claras lo que era capaz de conseguir con apenas esfuerzo: provocar grietas, desalentar, vencer al vacío. El habla del bolígrafo sobre el diario se volvía elocuente, y podía resumirse en una frase: «Aquí se hace lo que yo diga».

Abrigada, y a la vez ligera, la mujer tenía unos setenta y cinco años, pero era joven. Al mirarla, su edad se volvía una moneda al aire que caía varios años más atrás, cuando en efecto la vida no había empezado a ir en serio. Allí sentada, en la mesa de siempre, junto a una ventana, y sola, desprendía una elegancia drástica, en movimiento, como si en realidad estuviese bajando unas escaleras de mármol, lentamente, para no llegar nunca, quizá por miedo a que el rellano significase la oscuridad y el frío. Poco a poco dejé de ir al local para tomar café y comencé a hacerlo para espiar cómo la vida giraba alrededor del crucigrama, mientras me bebía una cortado. Me abismaba contemplando cómo se adentraba en las profundidades del pasatiempo y enviaba al exilio los huecos. Todo en el bolígrafo era viaje de ida. No había errores ni retrocesos, solo convicción. (artículo completo en El Progreso).

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Categorías:Vida diaria

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