¿En qué piensas?

Cuando dos personas están solas, tal vez abrazadas, y se forma entre ellas un silencio cómodo, caluroso, que no les importaría que durase toda la vida, a veces una de las dos pregunta sin venir a cuento: «¿En qué piensas?» Y de pronto, todo se desafina, decae, y la tranquilidad fracasa. Fue un bonito silencio, pero se perdió para siempre. Uno siente que en ese instante finaliza un momento perfecto y empieza otro, que no sabe qué deparará, y que será peor. Hay preguntas que sin pretenderlo abren un socavón e invaden al otro por dentro, aunque sea un ser amado. Pensando que sirve para intimar, o para que el silencio no se vuelva hastío, la pregunta trastorna la calma. No es difícil, pero tampoco fácil, como cuando te dicen «¿Sales esta noche?» o Vestida«¿Qué piensas del estructuralismo?». Puede que existan terrenos íntimos que nunca hay que recorrer si no es en soledad.

Si uno lleva la sinceridad al extremo, quizá responda que no pensaba en nada. Los días están plagados de lapsos así, durante los que se limita a ejercer la ausencia, imitando a una pared. Son esas partes de una jornada en las que nos igualamos a los objetos. Pero ¿y si la franqueza es solo una superstición que no hay que sacar de quicio? Quizá también respondamos que no pensábamos en nada. Entre los momentos de ausencia y los momentos de lucidez de los que cualquiera de nosotros es capaz, se deslizan también los intervalos en los que los pensamientos son escandalosos. No podrías anunciarlos en voz alta ni estando tú solo.

Antes del fin del verano quedé con una amiga y hablamos de ese instante en el que dos amantes se envuelven, a lo mejor uno le retira al otro el pelo de la cara, bajo un celestial silencio, y de repente estalla la pregunta. A ella le había pasado recientemente. Salía con un hombre desde hacía cuatro meses, estaban a solas, en casa, echados en el sofá y habían apagado la tele después de ver un capítulo de Better Call Saul, cuando él dijo «¿En qué piensas?» (artículo completo en El Progreso).

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Categorías:Cine, Vida diaria

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2 respuestas

  1. Fuf… Qué buen final. Sólo un apunte: si un hombre te dice que no piensa en nada, quizá sea cierto. Ellos pueden, es un don. Nosotras, en cambio, tenemos que aprender en clase de yoga. Feliz día!

  2. Buahhhhhhh… acabo de descubrir este blog y me encanta. Me gusta tu forma de escribir, lo que piensas… Un regalo!

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