Promesas que no valen nada

En noviembre de 2015 salió a la luz Los caprichos de la suerte, una novela inédita de Pío Baroja que había permanecido guardada durante décadas en una vieja carpeta. Escrita a máquina, con letra azul, incluía un sinfín de adicciones manuscritas del propio Baroja. En la introducción, José-Carlos Mainer advertía que se trataba de una novela «falta de una última mano», pero en la que se reconocía al mejor Baroja. El rescate de la obra «debería ser una noticia mayor en la historia de las letras contemporáneas de nuestro país». Tal vez por eso, unos días antes de que llegase a las librerías, Espasa me envió un ejemplar a casa. En ese momento yo hice lo que siempre hago cuando alguien me regala un libro: prometerme empezarlo al día siguiente, sin dilación. CheersCasi al mismo tiempo que la promesa, acaté otra rutina, consistente en romper la promesa e ir dejando la lectura para más adelante. No basta a veces con que tú tomes decisiones sobre tu vida, como leer enseguida un libro que acaban de regalarte. A menudo hay una estancia superior, que eres tú mismo, que las rectifica. Supongo que cada uno de nosotros somos varios, que nos vamos corrigiendo sucesivamente.

Qué prisa hay, me dije al levantarme a la mañana siguiente y reparar en la cubierta rojiza de la novela. Todavía tenía tiempo antes de caer en aquel abuso de la lentitud que había visto años atrás durante un capítulo de Cheers. En él aparecía Ernie Pantusso, uno de los camareros del local, poniéndose la chaqueta, a punto de salir. «Sam, me voy a casa. Vuelvo con mi libro», le decía al dueño del bar. «¿Sigues con la novela?», preguntaba Sam Malone. «Sí, ya van seis años. Tengo el presentimiento de que la voy a acabar esta noche». Una clienta habitual, apoyada en la barra, se inmiscuyó en la conversación para preguntar si el camarero estaba escribiendo una novela. «No, la estoy leyendo», aclaró Pantusso (artículo completo en El Progreso).

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Categorías:Literatura

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4 respuestas

  1. El vínculo del resto del artículo a El Progreso no (me) funciona.

  2. Recuerdo haber leído varias veces páginas al azar de ese libro que mencionas en la librería “La Fugitiva” de Madrid (cuando esa librería tenía aún magia, no hace tanto de ello, un par de años más o menos). Tenía buena pinta el libro; pero Baroja me ha aburrido (parece que a tí también) ya algunas veces y me cuesta empezar con él de nuevo. “El arbol de la ciencia” y el inicio de “Las inquietudes de Shanti Andía” (“Las condiciones en que se desliza la vida actual hacen a la mayoría de la gente opaca y sin interés. Hoy, a casi nadie le ocurre algo digno de ser contado. La generalidad de los hombres nadamos en el océano de la vulgaridad. Ni nuestros amores, ni nuestras aventuras, ni nuestros pensamientos tienen bastante interés para ser comunicados a los demás, a no ser que se exageren y se transformen. La sociedad va uniformando la vida, las ideas, las aspiraciones de todos.”) es lo que más me ha gustado de su obra. Bueno, dejo aquí mi comentario, que tanto texto seguido parece más de Bernhard que mío, saludos.

Trackbacks

  1. Retalls de la història en directe al club de lectura de novel·la històrica – Raquel Picolo

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