Gente friolera

En el segundo F hay vecinos nuevos. Son una pareja, ambos delgados y altos. Todavía no han puesto sus nombres en el buzón. Ella porta un maletín para ir a trabajar, se recoge el pelo en una coleta y cuando saluda, sonríe. Usa gafas de sol todo el tiempo, a través de las cuales la atroz realidad se queda seguramente en simple realidad. Parece friolera y sus pasos son largos, casi toscos, al contrario que sus manos, que de tan delicadas y huidizas parecen sabias. Él se muestra poco expresivo, viste de oscuro, tose por vicio, deja que su cabello se peine solo y los primeros días cojeaba; después ya no. Tienen un Ford Focus sucio. Creo que aún no se han atrevido a pasar de los cuarenta, aunque supongo que a veces lo piensan.

Su llegada al edificio estuvo precedida de unas largas obras en el piso. Fueron semanas de muchos ruidos. Acabé tomándole cariño al taladro. Me costó. Mis afectos son lentos. No digo «te quiero», aunque se trate de un taladro, sino después de mucho trato, a veces cuando es demasiado tarde y quizá ya mentira. Alcancé ese punto en el que me persuadí de que todos los obreros golpeando superficies y haciendo agujeros en las paredes me ayudaban a concentrarme. Solo notaba la presencia del taladro, o para el caso los martillos, cuando los trabajadores se iban a comer o a dormir y las herramientas se sumían en un silencio afligido.

Pero un día el segundo F se quedó vacío. De pronto, no hubo albañiles, ni fontaneros, ni carpinteros, ni escayolistas, ni decoradores. En casa nos preguntábamos cuándo aparecerían los nuevos vecinos, y cómo serían. ¿Jóvenes, mayores? ¿Sería uno solo o varios? ¿Le harían la vida imposible al edificio? ¿Cuando se les cayese la ropa del tendal a nuestra terraza, bajarían a buscarla o se creerían que subiríamos nosotros a devolverla? (artículo completo en El Progreso).

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Categorías:Vida diaria

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3 respuestas

  1. Pocas veces se tiene la oportunidad de decir a un escritor “qué bien escribes”.
    Qué bien escribes.

  2. Tuve una vecina que tenía un novio con el que montaba unos escándalos de primera los sábados de madrugada. En casa no sabíamos si la estaban descuartizando o simplemente se trataba orgasmos múltiples de fuerza 10 en la escala Richter. Afortunadamente la pareja terminó casándose y volvió el silencio a la madrugada de los sábados (y a las madrugadas del resto de la semana)

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