Diario ruso-español (8)

Todas las semanas sorprendo dos o tres veces a la vecina del bloque de al lado, la que tiene un perrito blanco, tirando la bolsa de la basura a la papelera. Es feísimo. Me llevan los demonios al verla. Cuando lo hace delante de mis narices, como esta mañana, la miro fijamente y le sonrío con dulzura. No me atrevo a más. Creo que si le recriminase el gesto, nuestro idilio, que dura tres años y consiste en conversar animados mientras nuestros perros mean y cagan, se rompería, y la vida perdería al instante parte de su deliciosa frivolidad. Eso no significa que me cruce de brazos. Ja. De vez en cuando preparo un cartel contra ella, con letra Arial y cuerpo 25, y lo pego en su portal a las dos de la madrugada. Casi siempre, cuando estoy ya en la cama, me arrepiento y bajo corriendo a retirarlo.

En la calle Doctor Fleming descubro a una pareja muy mayor a bordo de un Renault 4L. «Helena, cochazo», le digo, apretándole la mano para que se fije. «Ese modelo tiene una preciosidad de palanca de cambio». Me parece que le importa una higa. Conduce la mujer. El detalle más fascinante lo advierto cuando se alejan y veo un maniquí en el asiento de atrás (entrada completa en Vanity Fair)

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Categorías:Fútbol, Vida diaria

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