Diario ruso-español (19)

Me levanto a las seis y media de la mañana. Es muy lunes. No sé por qué me acuerdo de que en Crónica de una muerte anunciada a Santiago Nasar lo asesinan en lunes. También me acuerdo de que hace muchos años, en mi pandilla, los lunes todavía eran fin de semana. A esta hora impera un silencio que aprovecho para escribir un artículo sobre un editor que un día, a fin de optimizar su tiempo, hizo instalar en el despacho una silla de barbero. Qué envidia. La silla de mi estudio es una silla de la cocina, temporalmente.Echo de menos que ruede. Y que sea cómoda. Pero si obviamos ambas cosas, y que cojea, es una silla perfecta para escribir. Henry Millerdefendía que trabajar incómodo era de gran utilidad para la imaginación.

El silencio de las seis y media dura hasta las siete. A esa hora empiezan a ducharse en el piso arriba. Es un ruido agradable. Nunca sé si es la vecina o su marido. Al poco de mudarme a este edificio, una mañana vi que se filtraba muchísima agua por el techo de mi baño. Subí al piso de arriba, llamé con los nudillos, y me abrió la vecina, en pijama. Cuando le estaba explicando lo que pasaba, se abrió la puerta del baño y salió el marido desnudo. Siempre me digo que si hubiese subido quince minutos más tarde, quizás el orden hubiese sido otro, y ella la que salía desnuda (entrada completa en Vanity Fair).

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Categorías:Fútbol, Vida diaria

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