Diario ruso-español (20)

En casa no convence a nadie el ruido que hace el deshumificador a raíz de la cuchara que metió Helena por una rendija del electrodoméstico. Es un aparato, para ser francos, que siempre despertó desconfianza en la familia. Lo compré porque había recibido una cantidad de dinero considerable, en negro, por uno de mis –digámoslo– peores trabajos. Quizá me dio miedo hacerme rico si se prolongaba la buena racha. Hay que gastarlo pronto, me dije. En aquel momento no supe en qué emplearlo de un modo inteligente. Las cosas que me gustaban costaban mucho menos, o muchísimo más. Así llegó el humificador a casa, por un desconcierto. «¿Para qué sirve exactamente?», preguntó M al verme llegar con la caja. «Para mantener a raya a la humedad», dije. «Pero en casa no tenemos problemas de humedad», alegó. «También sirve para muchas más cosas –improvisé–. Hay que leer bien las instrucciones. Está demostrado que desaprovechamos el noventa por ciento de nuestras compras por no leerlas», me inventé (entrada completa en Vanity Fair).

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Categorías:Fútbol, Vida diaria

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