Diario ruso-español (fin)

15 de julio

Madrugo y barro a medias la terraza, sin ganas. Barrer con ganas se me antoja inalcanzable. Tendría que ser un genio. Hacerlo de una manera que no sea a medias exigiría además otra actitud que yo no tengo. La vida está llena de historias que empiezan y no acaban, y no pasa nada. Cuando dejo la escoba, cojo el móvil. Creo que el paso de un objeto a otro es una metáfora. Veo un mail de C, un amigo venezolano. «Me robaron el teléfono a punta de pistola, cerca de la esquina Colimodio, a las 3.50 p.m. Todo bien, sin un rasguño», escribe. Uf, pienso. No sé si lo parece, pero en Caracas este es un final feliz, que al llegar a casa te permite anunciar que hoy tampoco te mataron. Cuando lo visité hace un par de años, C me dijo que si te asaltaban era importante tener algo que entregar a los ladrones, o te pegaban un tiro (entrada completa en Vanity Fair).

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Categorías:Fútbol, Vida diaria

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