Qué vamos a hacer ahora

No saber qué hacer con tu vida representa una vieja inquietud. Quizá parezca apremiante, pero en el fondo solo es divertida. Naturalmente, te turba, pero te llega en un momento —tal vez en la adolescencia, y desde entonces nunca deja de llegar— en el que ya sabes apañártelas para no pensar en las cosas que de verdad te preocupan. Se te olvida con los días, incluso con los minutos. Nuestro cerebro selecciona, como los niños que señalan a las cosas con el dedo, y aparta, como un limpiaparabrisas. En ocasiones posee el poder de volver invisibles las aflicciones, al menos durante un tiempo. Por otra parte, la vida no es un objeto, algo material, sino más bien un escenario, así que sin darte cuenta dejas de preguntarte por ella, por el sentido que hay que darle, y te limitas a vivirla. Es un juego serio. Pero un juego. Pero serio. Al final es posible que tú no hagas nada con ella; te hace ella a ti.

El día que alguien te preguntaba por tercera o cuarta vez qué querías ser en la vida, lo observabas con una ingenua superioridad y respondías con toda tu vocación: “Yo no quiero ser nada”. Para qué había que ser algo. Desconocer por dónde guiar tu vida parecía una misión de la edad. Significaba que ibas por el buen camino. Quizá la próxima vez que te lo planteases ya hubieses hecho algo interesante con ella, seguramente sin preverlo. La falta de planes mantenía tu fe en el futuro, y en que para entonces pasarían cosas buenas. Quién sabe si una planificación llevada al extremo no fue la razón del desastre en el que ahora estamos inmersos. Recuerdo cuando incluso salías de casa sin un propósito, a ver qué pasaba, en uno de esos actos en los que la vida se demostraba causal, inopinada y fulminante. Ahora siempre vas a un sitio expresamente. Nos acostumbramos a la idea de que no podemos perder el tiempo. No sé si es más ingenuo eso, o salir de casa para nada en concreto, por jugar precisamente con las horas, pero sin descartar nada y al final acabar por hacer algo maravilloso. Creíamos en la aventura, sin calcular siquiera que algo era una aventura (artículo completo en El Progreso).

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Categorías:Vida diaria

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