El brazo levantado

A todos nos dicen, en algún momento, “qué raro eres”. Tal vez seas una persona particular en algún aspecto. Pero después conoces a otras, muchísimo más raras, que te hacen sentir, en realidad, el ser más normal del mundo. ¿Quién es normal todo el tiempo, además? Una vida construida a base de normalidad, exclusivamente, sí que resultaría extraña. Una cosa normal no se diferencia demasiado, si lo piensas, de una rara. Nunca sabes cuándo algo ordinario se convertirá en extraordinario. Porque a veces pasa precisamente eso.

Hace poco leí la historia de Gordon, un muchacho de 10 años que vivía en la isla de Wight, al sur de Inglaterra. Tenía un hermano llamado Anthony, cuatro años mayor, que una vez estuvo 40 días sin sacarse un chicle de la boca. ¿Era raro? Puede. Pero un día, al irse a la cama, el hermano menor levantó el brazo por encima de la cabeza, y se quedó dormido. Cuando se despertó, decidió pasar algo más de tiempo con el brazo en alto. En el desayuno su padre le preguntó qué estaba haciendo. “Le dije que tenía un hormiguero en el brazo y que me sentía mejor con él levantado” (artículo completo en El Progreso).

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